«Después vemos» significa cambios infinitos, plazos elásticos, cuentas que nadie sabe cómo cerrar, y una sensación de que estás trabajando gratis sin entender por qué. Si querés un negocio sano, necesitás dos cosas: un contrato claro y cuentas claras desde el primer día.

El contrato no es desconfianza

Mucha gente se incomoda al pedir un contrato, como si dijera «no confío en vos». Es exactamente al revés: el contrato es protección para los dos. Para vos, te asegura que no te van a pedir veinte cosas extra. Para el cliente, le asegura que vas a cumplir lo prometido, en el plazo prometido, por el precio prometido.

Qué tiene que decir

  • Qué incluye el trabajo, punto por punto.
  • Qué NO incluye (tan importante como lo anterior).
  • Plazo de entrega: fecha concreta.
  • Forma de pago: cuánto al inicio, a la mitad y al final.
  • Cuántas rondas de revisión están incluidas.
  • Cómo se termina la relación.

La regla de los tres números

Como mínimo tenés que saber tres números todas las semanas: cuánto facturaste, cuánto gastaste (incluyendo lo tuyo personal) y cuánto te quedó. Si no sabés esos tres números, no estás manejando un negocio: estás manejando una ilusión. Y recordá: cobrar no es codicia. Es el reconocimiento de que tu trabajo vale.

La ideaConfianza con cuentas claras se sostiene años. Sin números, se rompe en el primer malentendido.