Hay enseñanzas que uno escucha y se olvida, y hay enseñanzas que quedan marcadas para toda la vida. La que te voy a contar me la dieron en la yeshivá cuando era joven, y todavía hoy, cada vez que pienso en lo que es ser buena persona, la recuerdo.

Una charla en la oficina del Rosh Yeshiva

Una tarde me citó el Rosh Yeshiva. Charlando de mi futuro, me dijo algo que no esperaba: «Cuando busques una esposa, lo más importante es que tenga un buen corazón». Yo asentí. Sonaba lógico. Pero después me preguntó: «¿Sabés qué es un buen corazón?». Respondí lo más obvio: «Que sea buena persona». Me sonrió y me dijo que no.

—Un buen corazón es una persona que se pone contenta con las alegrías del otro. Cuando a su amigo le va bien, ella se alegra. Cuando el amigo se compra una casa o estrena un auto, para ella es una fiesta. Eso es un buen corazón.

Me quedé pensando muchos días. Porque parece simple, pero no lo es: alegrarse del bien ajeno es una de las cosas más difíciles que existen.

La pregunta de Rabí Yojanán

Esta enseñanza tiene más de dos mil años. Rabí Yojanán ben Zakai les preguntó a sus cinco mejores discípulos cuál es el camino recto al que el hombre debe apegarse. Uno dijo «un buen ojo»; otro, «un buen amigo»; otro, «un buen vecino»; otro, «ver las consecuencias de los actos». Pero Rabí Elazar ben Araj respondió dos palabras: lev tov, un buen corazón.

Veo las palabras de Elazar ben Araj como mejores que las de ustedes, porque sus palabras están incluidas en las de él.Rabán Yojanán ben Zakai, Pirké Avot 2:9

El que tiene un buen corazón no necesita que todo le salga bien para ser feliz: le alcanza con que le salga bien al de al lado.

El mandamiento más difícil

Entre los Diez Mandamientos hay uno que nos cuesta a todos: «No envidies… ni todo lo que tiene tu prójimo». Detenete en esa palabra: «todo». La envidia casi siempre nace de ver una parte y creer que es el todo. Vemos al vecino con un auto nuevo y pensamos «qué suerte tiene», pero no vemos lo que pasa en su casa. Nadie tiene todo. Algunos tienen dinero pero no salud; otros, salud pero no paz; otros, paz pero no sentido. Si pudieras ver el todo, no envidiarías nada.

El secreto del goral

Cuando el pueblo judío entró a la Tierra de Israel, Dios indicó repartirla entre las doce tribus por goral, por sorteo. ¿Por qué no medir y dividir matemáticamente? La tradición jasídica enseña que el goral no es azar: es lo que está por encima de la naturaleza, la mano de Dios mostrándose en lo que parece casualidad.

Y eso vale para todo. Naciste en tu familia, tu país, tu cuerpo, con tus talentos y tus desafíos, por goral: una asignación divina diseñada exclusivamente para vos. Al otro le tocó otro sorteo. Lo que él tiene no era para vos, y lo tuyo no era para él. Cuando entendés esto en lo profundo, la envidia se desinfla sola.

Envidiar lo del otro es como envidiar un traje que no es de tu talle. Aunque te lo dieran, no te quedaría bien.Soñar en Grande

El billete de lotería que cambió de manos

Un judío pobre fue a ver a su rebe, que le aconsejó comprar un billete de lotería, seguro de que ganaría. Esa noche lo contó entre amigos. Uno de ellos, con una sonrisa por fuera y otra cosa por dentro, compró su propio billete al día siguiente y, con un truco, intercambió los dos billetes: se quedó con el del amigo bendecido y le dejó el suyo. Cuando salió el número ganador, era el del billete que él mismo había llenado… y que había pasado a manos del amigo bendecido. Fue corriendo a reclamar ante el Or Saméaj de Dvinsk: «El billete lo llené yo, el número lo elegí yo, la victoria es mía».

El Or Saméaj lo escuchó y le respondió con calma:

Cuando el Santo Bendito decide quién gana la lotería, no decide cuál es el número. Decide quién es la persona.Rabí Meir Simja HaCohen de Dvinsk, el Or Saméaj

Tu amigo tenía que ganar; por eso el número que vos llenaste terminó en su mano. A vos te asignan lo que es tuyo por quién sos, no por qué número o qué contactos tenés. Si algo es tuyo, ningún truco puede sacártelo; si no lo es, ninguna pirueta te lo va a traer.

La semana del que tiene buen ojo

Rab Mendel Futerfas, mashpía jasídico que pasó años en los gulags soviéticos y aun así se volvió una de las personas más alegres del siglo XX, describía así la semana del que tiene buen ojo: el domingo está feliz porque a un amigo le nació un hijo; el lunes, porque a otro le salió el departamento soñado; el martes, por un compromiso; el miércoles, por un buen trabajo del vecino; el jueves abraza a un conocido que abrió un negocio; el viernes se alegra porque ese conocido encontró unas llaves perdidas. Una semana entera con un motivo de alegría todos los días, aunque a él no le haya pasado nada.

Es matemática pura: cuando dejás de ver el éxito ajeno como amenaza, sumás a tu vida toda la alegría que pasa alrededor. Tu felicidad se vuelve la suma de muchas felicidades. En cambio, el envidioso vive triste, porque siempre hay alguien con algo más: vive pobre en medio de sus propias bendiciones.

Soñar en grande no es solo animarse a logros propios. Es ensanchar el corazón para que entren todos los logros ajenos y los celebres como si fueran tuyos.

La ideaEl que se alegra del bien ajeno vive en alegría permanente: cada vez que a alguien le va bien, él suma una alegría.