Un anillo para la alegría y para la tristeza

Hay una historia preciosa que se cuenta en la tradición judía sobre el rey Salomón. Un día llamó a uno de sus ministros más leales, Benaiá ben Yehoiadá, y le encargó una misión rara: «Conseguime un anillo que tenga el poder de hacer feliz al hombre triste, y triste al hombre feliz. Tenés seis meses. En Sucot lo quiero usar».

Benaiá recorrió todo Israel, visitó a los joyeros más famosos, subió a las montañas, bajó a los valles. Nada. Llegó la víspera de Sucot y, caminando por un callejón humilde de Jerusalén, vio a un anciano sentado en el piso vendiendo joyas viejas. Por desesperación, le preguntó. El viejo se sonrió, agarró un anillo de oro simple y grabó tres letras hebreas —guimel, zaín, iud—, las primeras de tres palabras:

«Gam ze iaabor» — «También. Esto. Pasará.»

Salomón lo leyó y, por primera vez en años, bajó la cabeza. Porque entendió: en lo alto de su gloria, el anillo le recordaba que la gloria pasa. Y si algún día caía, el mismo anillo le recordaba que la caída también pasa. Todo pasa: lo bueno y lo malo, lo de arriba y lo de abajo.

El anillo de Grondona

Tres mil años después, en otro lugar del mundo, hubo un hombre que llevó esa misma idea en el dedo meñique. Julio Grondona, argentino, presidente de la AFA durante 35 años, una de las figuras más poderosas del fútbol mundial. Su anillo era de oro de 18 quilates y adentro tenía grabadas dos palabras: Todo pasa.

Cuentan que el día que se lo pusieron, antes de calzárselo, miró a los miembros del comité y dijo: «Es la frase ideal para todos nosotros. Acuérdense que todo pasa. Especialmente la gloria después de los triunfos». No era un sabio bíblico, era un dirigente de fútbol. Pero entendió lo mismo que el rey Salomón: que la gloria, sobre todo la gloria, pasa.

Las vacas gordas y las vacas flacas

La Torá ya nos había avisado. ¿Te acordás del sueño del faraón? Siete vacas gordas saliendo del Nilo, y detrás siete vacas flacas que se las comían. Nadie lo entendía, hasta que llegó Yosef, salido de la cárcel: «Faraón, esto es una advertencia. Vienen siete años de abundancia y detrás siete de hambruna. Si no te preparás ahora, después no llegás».

Yosef hizo dos cosas que son la clave de todo. En los años buenos, guardó: no festejó como si la abundancia fuera para siempre, almacenó grano, construyó silos. En los años malos, repartió: no entró en pánico, tenía las reservas, y desde ahí sostuvo a Egipto y al mundo. Las vacas gordas son para guardar; las vacas flacas, para usar lo guardado.

Lo que aprendí en la bolsa

Yo trabajo hace muchos años en la bolsa, en la parte de tecnología. Y te puedo decir algo que veo todos los días, con números que parpadean: nada sube sin bajar, y nada baja para siempre. Las que más rápido suben son las que después más rápido bajan. La volatilidad y el crecimiento van de la mano.

El que entra creyendo que va a haber solo verde se quema en el primer rojo. El que entra creyendo que el rojo es el fin del mundo sale corriendo justo antes de que vuelva a subir. El que gana en serio entendió que el mercado respira: sube y baja, como las olas, como las estaciones, como la vida.

La vida del emprendedor

Si estás emprendiendo, esto te toca de cerca. Va a haber meses en los que todo te sale: vendés, te llaman, te recomiendan, sentís que tocaste el cielo. Y va a haber meses en los que no te entra un peso: te cancelan reuniones, te dejan de contestar, pensás que te equivocaste de profesión, de país, de vida. Las dos cosas van a pasar. Y las dos cosas van a pasar. Esa es la palabra clave.

El «gam ze iaabor» no es una frase para deprimirse ni un «para qué luchar si todo termina». Es exactamente lo contrario: es una frase para sostenerte, para que ni el éxito te emborrache ni la caída te hunda.

  • Cuando estás arriba, acordate que pasa: no te creas más que el otro, no te olvides de dónde venís, no dejes de agradecer.
  • Cuando estás abajo, acordate que también pasa: no tomes decisiones grandes en el peor momento, no firmes ningún papel desde el dolor, aguantá.

«Arriba: humildad. Abajo: esperanza. En el medio: trabajo.»

Para llevar en el bolsillo

No hace falta que te tatúes la frase ni que te compres un anillo. Tres cosas chiquitas para esta semana: escribí «gam ze iaabor» en un papelito y guardalo en la billetera, para sacarlo tanto cuando algo te salga muy bien como cuando te salga muy mal. En los meses de vacas gordas, guardá: hacé tus silos. En los meses de vacas flacas, no firmes nada definitivo: no vendas el negocio, no te peleés con tu socio, no te bajes del sueño. Esperá, trabajá, respirá. Mañana también va a venir.

La ideaLa gloria pasa y la caída también: lo único que se queda es lo que construiste con humildad y con fe.